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El
cielo lanza dardos de fuego y los murciélagos
entran en las casas.
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| Los frutales
apechugan con sus pequeños cítricos verdes y rígidos como
esferas ácidas en suspensión. |
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La tarde
recalcitra.
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| ¡Bocanadas
de Satanás! |
| ¡Bocanadas
de Satanás! |
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| Exclama
el patrón de lancha que espanta jejenes con sus
manos pringosas. |
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Bajo
el sauce aguarda una sombra
traicionera.
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| La sombra
donde reposa el perro mordedor, la sombra que refugia
los nidos del mangangá, la sombra que oculta un hormiguero
atroz de asesinas negras del tamaño de aceitunas griegas.
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| El
yuyo prospera incontenible, se desparrama como una alfombra
maldita con la que sueña el jardinero exhausto. |
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| Las
calas, las zarzas moras y las orquídeas afloran con vigor
de fermento vegetal. |
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El
cielo lanza dardos de fuego mientras la naturaleza tracciona
el carro de madera que traslada el paisaje.
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Voz:
Alberto Muñoz
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